LA ACADEMIA GALEGA DE BELAS ARTES DEDICARÁ EL DÍA DÁS ARTES GALEGAS, 1 DE ABRIL DE 2027, A MARÍA LUISA NACHE
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La Real Academia Galega de Belas Artes (RAGBA) celebró el pasado sábado Sesión Ordinaria en su sede de A Coruña, encuentro académico en el que, tras votación reglamentaria del pleno, presidido por Manuel Quintana Martelo, acordó dedicar la celebración del Día de las Artes Gallegas –1 de abril del 2027– a la soprano coruñesa María Luisa Nache.
A Coruña posee una de las tradiciones operísticas más antiguas y arraigadas de España. Ya desde el siglo XVIII, la ciudad vibraba con las compañías italianas y la construcción del Teatro Principal (hoy Rosalía de Castro) consolidó una afición exigente y melómana que, décadas más tarde, daría pie a la creación del Festival de Ópera y a la temporada más antigua del país. Es justo en este humus cultural donde hace falta situar la figura de María Luisa Nache (1924–1985), la soprano que llevó la tradición lírica coruñesa a su máxima expresión internacional.
Nache no fue un fenómeno aislado, sino el fruto y el orgullo de esa Coruña operística. Formada inicialmente en su ciudad natal con la prestigiosa profesora Bibiana Pérez, su debut oficial tuvo lugar en 1945 en el corazón lírico de la ciudad: el Teatro Rosalía de Castro, encarnando a la protagonista de Aida junto al mítico tenor Hipólito Lázaro. Aquella chica coruñesa enseguida demostró que su voz, de una técnica prodigiosa y un dramatismo conmovedor, estaba destinada a los grandes escenarios del mundo.
Su hito más internacional llegó en 1953 en el prestigioso Teatro ajo Scala de Milán. Allí, el célebre director Leonard Bernstein apostó firmemente por ella para interpretar la Glauce en la ópera Medea de Cherubini, un papel en el que compartió escenario con la gran diva de la historia de la ópera, Maria Callas. Lejos de ser un éxito pasajero, Nache se consolidó en el templo milanés regresando en temporadas posteriores para cantar Il trovatore junto a Franco Corelli, y extendió su brillante carrera por el Metropolitan de Nueva York, el Liceu de Barcelona o el Sano Carlos de Lisboa, dominando alrededor de 45 roles de los principales títulos del repertorio operístico.
Sin embargo, el vínculo con su tierra jamás se rompió. Tras triunfar fuera, María Luisa Nache regresó a la Coruña en 1963 para cerrar el círculo de esa gran tradición que la había visto nacer. Se dedicó a la docencia desde 1973 en el Conservatorio Profesional de Música de A Coruña, desde donde moldeó y educó a las nuevas generaciones de voces gallegas. Su compromiso con la cultura local se consagró en 1976 con su ingreso en la Real Academia de Bellas Artes con el discurso Voces de oro gallegas en él mundo, un texto en el que reivindicó el talento de su tierra, al tiempo que, en los últimos años de su vida, desparramó la música de compositores gallegos como Marcial de él Adalid.